Un timbre menos al que responder...

Un timbre menos al que responder, un huevo menos que freír y una mujer menos a la que recogerle las cosas. Debería estar feliz, pero lo único que hago es llorar. Desde su partida mi vida está totalmente vacía, trato de olvidar, pero no estoy seguro de querer hacerlo. Y como un estúpido, cada vez que suena el timbre, corro a atender, esperando verte en el umbral. Esto se convierte en rutina, termino cada día de la misma manera que lo comienzo: llorando. No hay risas, no hay amor, no hay timbres interesantes para atender, ni necesidad de freír otro huevo, ni una mujer a la cual amar.

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